martes, 6 de marzo de 2012

Soledad

Esto de estar solo no tiene otra cosa que no sean ventajas.

Definitivamente estoy convencido de que el tener la libertad para hacer lo que te place en el momento que te place, no se le puede poner ni un solo pero.

Se acabó el tener que dar explicaciones, entablar largas negociaciones para hacer cualquier cosa.

De un tiempo a esta parte soy más feliz yendo a mi bola y no teniendo que preocuparme de terceros. ¿Me apetece irme de finde? Pues me voy. Disfruto de mis paseos por el camino que me apetece, voy a ver las películas que quiero y si se me antoja tomar una cerveza en el bar más grasiento de la calle, pues lo hago.
Esto me ha llevado a una actividad frenética en la que no paro de hacer cosas. Menos el rato que empleo para dormir (que no es corto), el resto de las horas es un no parar, es una actividad continua, es una felicidad absoluta.

Ahora bien, empiezo a tener un problema. Tanta felicidad me está empachando, ya me carga tanta actividad y tanta acumulación de experiencias y conocimiento. Necesito alguien con quien compartir todo esto para ver si me desahogo o alivio de esta sensación.

Que mierda es esto de estar solo.

sábado, 28 de enero de 2012

Sin ideas

El otro día, preso del aburrimiento, y lo que es peor, la falta de sed y ganas de ir a tomar una cerveza, me acerqué al río a deleitarme en mis pensamientos.
Ultimamente no los estoy teniendo especialmente brillantes pero el mero hecho de que algo me impulsase a irme a pensar a un puente podría interpretarse como un adelanto de que algo bueno se estaba gestando.

Total, que ahí me planté yo con cara de tío interesante a ver cómo bajaban las aguas (y algo de porquería). Quedarte mirando el agua en movimiento (como las llamas de un buen fuego) tiene ese aquel hipnotizador que te desconecta del entorno y permite que algo que lleves dentro florezca de una manera más sencilla.

Pues el caso es que el sonido del claxón de un autobús de la EMT que por ahí pasaba me asustó de tal manera que del respingo que di, todas las ideas que estoy seguro que en ese momento estaban apunto de emerger, salieron volando rebotaron en la barandilla y al agua que calleron desde lo alto del puente. Raudo y veloz corrí al otro lado del puente para ver mis ideas esfumarse con la corriente e intentar rescatar algo de ellas, pero la mierda y turbidez de las aguas no me dejaron ver como se iban.

En fin, quise pensar que como las aguas que bajaban, esas ideas eran una mierda y mejor estaban ahí, así que tomé rumbo del bar más cercano a tomarme una cerveza bien fresquita.

jueves, 12 de enero de 2012

Buenos propósitos

Por fin se acabó la Navidad, no podía soportarlo más. Como todos los años esto para mi es lo más parecido a una pesadilla, un sueño horrible del que no veo que llegue el día 6 de Enero para despertar.

Lo peor de todo es que llegado el día 7 tengo que empezar desde cero… tanto esfuerzo, tantos medio empleados en los meses pasados, quedan en agua de borrajas. En fin, qué remedio. Como todos los años, vuelta a empezar y a recuperar lo que he perdido en estas dos semanas de comportamiento irresponsable y hasta cierto punto peligroso para la salud.

Por una cuestión de principios, me niego a ir a las rebajas a renovar el vestuario y prefiero meterme en la dinámica habitual para seguir aprovechando esos pantalones que me quedan como un guante o mis camisetas de toda la vida y a las que tanto cariño he tomado. Lo que he estado haciendo los meses anteriores, se merecen el respeto y la consideración suficientes como para no tirar la toalla y volver sobre mis fueros.

Decidido, voy a recuperar mi tripa, estos abdominales que luzco no me quedan nada bien, la ropa me queda ancha y no hay cinturón ni manera de disimular esto. El que me vuelva a salir pelo en el cuerpo es cuestión solo de tiempo, pero lo de la tripa requiere de un gran esfuerzo y perseverancia.

Largas sesiones de cerveza y tapas a cual más grasienta, y una alimentación en casa en consonancia es lo que necesito.

jueves, 29 de diciembre de 2011

¿Sueño o realidad?

He pasado uno de los días más raros de mi vida.

A diferencia de un día cualquiera, me levanté de la cama pronto (prontísimo dentro de mis parámetros). Me dirigí hacia el baño para realizar la primera micción del día y como un autómata, giré 180º y di un paso para ponerme frente al espejo, lavarme la cara y eliminar las múltiples legañas que asomaban por mis ojos.

El caso es que al eliminar las legañas de mis ojos y con la cara aun mojada, me miré en el espejo como viene siendo costumbre y fui incapaz de reconocer la cara que ahí se reflejaba. ¿Era yo pero había cambiado radicalmente en 7 horas de sueño? ¿No lo era y resulta que se trataba de otra persona?

Intentar admitir que en unas pocas horas mis facciones habían cambiado radicalmente y como era de esperar habían ido a peor, hizo que me inclinara por la 2ª opción que me quedaba: no se trataba de mi.

La verdad es que recapitulando los pocos indicadores que me podían servir de guia, daban una idea de que esta podría ser la verdadera razón. Al mear, había notado un encogimiento notable del tamaño de mis partes (eran de tamaño apreciable, pero más pequeñas, no es por presumir) y la ventosidad expelida tras el último apretón de abdominales para sacar el último chorrillo no era digna de mi. Eso por no dejar de mencionar que las horas a las que me había levantado eran a todas luces dignas de un ser serio, responsable y trabajador.

Con estos (pocos) datos me rendí a la evidencia, decidí que no era yo y que por tanto lo normal es que debería de comportarme de manera distinta. Y a eso me dediqué la jornada entera. No sería más que una manera de autoconvencerme de que no se trataba de mi y que alguien había usurpado mi alma o lo que quisiera que hubiera podido usurpar.

Total, que al ver el aspecto de la cocina, tras hacer un zumo (y no mezclarlo con vodka) no solo el exprimidor quedó perfectamente limpio si no que el resto de la cocina tomo un aspecto mucho más decente y con todo más ordenado. Tras el zumo, creí conveniente empezar el día tomando los cereales que nunca me había atrevido a abrir y deleitarme con el sabor de una estupenda tostada con aceite de oliva, ajo untado y sal.

De la cocina salí directo al dormitorio donde sin saber cómo ni por qué, ya tenía las ventanas completamente abiertas, y la cama estaba con toda la ropa desplegada y ventilándose. Como si de una rutina totalmente asumida, hice la cama, cogí unos cojines y allí que quedó la cama perfectamente hecha y aguardando que la noche siguiente me arropara entre sus sábanas. En las sillas del dormitorio al rato de pasar por ahí no quedaba apenas ropa y la poca que ahí quedó estaba perfectamente doblada y colocada.

Evidentemente algo había pasado esa noche.

Lo que sí que no cambió era mi condición de ocioso desempleado, aunque con ganas de hacer deporte para cuidar mi cuerpo y mantenerme en forma. Total que me dediqué a salir a hacer deporte por la calle como uno más de aquellos que extrañamente disfrutan correteando por ahí con mallas apretadas, sudando y echando el bofe.

Tras una sudada de las que hacen época (completamente satisfecho y relajado), en casa disfruté como un enano de la ducha y tras ella, me encontré en la cocina dispuesto a prepararme una comida lo más decente posible.
Como era de esperar, la nevera lo que más tenía dentro era aire fresco, así que sin comerlo ni beberlo me dirigí al Mercadona con mi carrito y bolsas de tela, presto a comprar vituallas. Es curioso pero disfruté dando vueltas por entre los pasillos, comparando precios y eligiendo alimentos frescos y desechando la gran variedad de precocinados que ploblaban las estanterías. Con el carrito poblado por la compra, volví a casa y me acomodé en la cocina para colocar todo en su sitio y prepararme algo medianamente elaborado.

Tras la comida aun tuve ganas de coger un libro que tenía evitando que la mesa del salón cojeara y me puse a leer, ni rastro de ganas de echarme la siesta. Sospechoso. Y no contento con esto, no se me ocurrió mejor cosa que ponerme un bañador e irme a la piscina municipal a nadar una hora.

Todas fueron actividades que salieron de mi gustosamente y las cuales disfruté realizando, pero algo en mi interior me seguía diciendo que no era yo… y este comportamiento estaba haciendo reaccionar a algo en mi interior que se resistía al cambio. A la vuelta de la piscina hice una intentona de adentrarme en el primer bar por el que pase, atraído por el olor de la frintanga que allí se estaba preparando y ante la magnífica visión del grifo de cerveza rebosante de condensación y muestra de que lo que ahí se encontraba era un líquido perfectamente frío y dispuesto a ser servido.

Pero no. No hubo manera porque mi otro yo me convenció de que al día siguiente había que levantarse pronto, no podíamos estar por ahí golfeando porque al día siguiente había labor que realizar y mejor estar perfectamente descansado a pagar el resto de la semana las consecuencias de una imprudencia.

¿Qué más pruebas quería para saberme tomado por otra persona? ¿Madrugar? Si yo no tengo trabajo ¿Pagar consecuencias? Pero si disfruto de mi resaca tirado en el sofá horas y horas hasta que me encuentro con fuerzas de tomar otra cerveza.
Me encontraba poseído por alguien que me revolvía lo más profundo de mi conciencia.

Pero bueno, dado que no me trataba de mi… no tuve más remedio que obedecer y retirarme pronto a casa, cenar algo ligero y meterme en la cama antes de que el día hubiera finalizado.

Cuando hube abierto los ojos al día siguiente, me di cuenta de que me levantaba con mejor espíritu, el reloj marcaba de largo las doce del mediodía, mi viaje al baño fue como el de otro día cualquiera con meada y atronadora expulsión de gases… al darme media vuelta, el espejo delató que era yo quien ahí se encontraba.

Feliz y contento me dirigí a la cocina a tomar algo, lo primero que pillara y dejando en la pila los cacharros que hube utilizado.

¡Uf!... todo había sido un mal sueño, aunque… el estado de orden de la cocina, las agujetas y la total ausencia de resaca eran prueba de que algo raro había pasado el día anterior.  

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Ego

Tengo un problema. He conocido a una mujer estupenda.

Dicen que cuando puedes estar con una persona largos ratos en silencio sin sentirte incómodo es que ahí, hay algo. Pues bien, creo que es el caso y además no se limita a solo esto.

Dormir con ella es un primor. No me pone encima sus pies helados ni invade mi lado de la cama, así como tampoco protesta caso de que sea yo quien invada su mitad. Llegados al extremo, no me lleva la contraria nunca, no me replica y atiende con esa carita de ángel, boca y ojos abiertos todo aquello que tengo a bien contarle. 

Tengo que reconocer que a veces pienso que tanto silencio por su parte me enoja un poco, pero pronto pienso que ella es así, que así sabía que era desde el principio y acabo aceptando de buen grado su comportamiento.

Sobre los momentos íntimos, como soy un caballero no voy a contar nada, eso queda entre los dos. Pero bien es cierto, que si no mantengo la presión deseada en ella, puedo llegar a tener noches frustrantes.

El problema realmente está llegando en los momentos que veo que ella se niega no solo a leer mis textos, no me dice por qué, y por tanto no obtengo crítica alguna. Cosa que deseo con toda mi alma.

Creo que voy a cortar con ella (aunque no sé si dejar que las cosas avancen por si solas y se pinche la relación), para entonces buscar una mujer de carne y hueso, que aunque me haga fregar los platos y cocinar, al menos tenga curiosidad por leer.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Autoestima

Voy buscando últimamente la manera de subir mi autoestima de la manera más eficaz posible, es decir, que me cueste nada o menos y que los resultados sean satisfactorios.

Esto durante un tiempo casaba mal con el pliego de condiciones inicial, dado que la búsqueda se estaba tornando dificultosa, lo cual añadía una carga extra de trabajo que no estoy dispuesto a asumir y lo que es peor, la falta de éxito en mi empresa ejercía el efecto contrario al deseado. Mi autoestima me está obligando a agacharme cuando quiero recogerla.

Ahora estoy probando con una nueva estrategia y creo que puede ser la definitiva.

Me estoy empezando a rodear de objetos, pero no cualquier tipo de objeto, no… todos están siendo elegidos muy concienzudamente: una lata de cerveza vacía, un reloj de cuco al que me niego a darle cuerda (y arranqué con saña el cuco), un aparato de abdominales comprado en el teletienda, el programa electoral de varios partidos, un CD de una de las muchas galas de OT, un alargador de pene y así hasta un largo etcétera.

El verme rodeado de esta serie de objetos completamente inútiles, está logrando definitivamente que yo no me sienta como tal y ver que soy capaz de algo.

viernes, 28 de octubre de 2011

Decisiones

Estamos en épocas de grandes decisiones, trascendentales diría yo. Una de ellas, creo yo que va a tener grandes consecuencias para mi.

He decidido cortarme la uña del dedo meñique y dejarla con una longitud similar a las del resto de dedos cuando no son mordisqueadas fruto de mis nervios.
Aun con esa desafortunada manía (mordisquearme las uñas), siempre la uña del meñique izquierdo ha tenido unas proporciones magnánimas aunque sin llegar a las de la atleta Florence Griffith.

Bueno, puede que os preguntéis quien es esa mujer… yo es que soy muy mayor así que os conmino a que busquéis en google y os ilustréis.

Bien, el caso es que entre los múltiples usos que se les puede dar a una uña larga, la de mi meñique tenían la misión de limpiar el cerumen de mis orejas. Labor a la que me empleaba con fruición, pero he aquí que un día me apliqué tanto a la labor que al sacar el dedo, enredada entre una amalgama de pelos y cerumen, se encontraba atrapada una idea.

¡Había sido capaz de sacarme una idea de la cabeza!

Esto daba que pensar… había algo ahí dentro, e incluso se me abría la posibilidad de sacarlas al exterior para ver si fructifican. ¿Habría dado con una veta de ideas y todo lo más que tenía que hacer era seguir escarbando y escarbando para sacarlas todas al exterior?

No se hable más… no es tiempo para vacilaciones y sí para la toma de decisiones importantes. Hay que seguir por esa senda, pero las cosas bien hechas, bien parecen. Me cortaré la uña pues para su función principal no servirá, a partir de ahora usaré la herramienta apropiada: bastoncillos.

Así las ideas que me saque, las tendré entre algodones.